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viernes, 16 de diciembre de 2011

COGNICIÓN Y VISIÓN XI.- PLANTEAMIENTO Y RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS


En el capítulo anterior vimos los mecanismos que utilizamos en la toma de decisiones, algo muy ligado a cómo nos planteamos un problema. En Psicología cognitiva un problema es una situación en la cual no existe un camino inmediato  y estandarizado para alcanzar una meta, hecho que se complica todavía más con la ansiedad que desencadena y con aspectos emocionales de nuestro inconsciente.

 En este capítulo hablaremos de:
  • Estructura de un problema
  • Teoría del espacio de un problema
  • Razonamiento Analógico
  • Razonamiento Inductivo
  • Razonamiento Deductivo

ESTRUCTURA DE UN PROBLEMA.
Ante un problema,  nuestra mente inicia un proceso de identificación, lo representa, muchas veces con una imagen  y luego busca una línea de actuación que haga posible  su resolución (visualizo el problema y veo cómo resolverlo). Esta forma de actuar racional y que para todos tiene sentido lógico, veremos como no siempre es la que sigue el ser humano, en ocasiones busca “atajos”, heurísticos, menos fiables pero con menor gasto de energía y de recursos.

Un problema se puede estructurar en tres partes: (1) estado objetivo o meta, (2) estado inicial o de partida y (3) operaciones que se pueden aplicar para su resolución. Un ejemplo de problema que sigue esta estructura  clásica lo tenemos en la Torre de Hanoi, http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_Han3i    donde hay un estado objetivo de resolución del problema, una situación de partida y una serie de operaciones para pasar del estado inicial al estado final. 


                  
A los problemas en los que el estado inicial y los objetivos finales son claros, se les denomina “problemas bien definidos”, la Torre de Hanoi o el ajedrez son ejemplos de este tipo. Cuando no sucede así, se denominan “problemas mal definidos” y en estos casos es importante encontrar las limitaciones, las restricciones de la solución o de los medios de que disponemos. Algunos problemas mal definidos se caracterizan por una resolución espontanea, encontramos la solución como una “luz que los pone de manifiesto”, lo vemos claro.  Este fenómeno se conoce como “insight”, algo que también guarda relación con el sistema visual. Solo podemos imaginar visualmente aquello que tiene sentido, que es posible, representaciones mentales relacionadas con la información que guardamos en la memoria a largo plazo.

Aunque hay diferencias en las estrategias utilizadas para resolver problemas, hay una serie de pasos que son comunes a todas ellas. En el siguiente diagrama de flujo se muestran los pasos básicos. Primero nos debemos formar una representación del problema y seguidamente, planificar una solución y verificarla. Si la solución propuesta falla, hay que representar nuevamente el problema bajo otra perspectiva y buscar una solución que lo resuelva. Si la solución es exitosa, se ejecuta y se concluye el problema. En caso de no encontrar la solución, se plantea la duda de cuántas veces debemos replantear el problema, buscar nuevas representaciones y nuevas soluciones. No hay una respuesta clara pero, en lo que sí están de acuerdo la mayoría de investigadores, es en cambiar la estrategia de resolución, utilizando alguno de los caminos que a continuación exponemos. 



TEORÍA DEL “ESPACIO DEL PROBLEMA”.
Actualmente se utiliza la “Teoría del espacio del problema” como estrategia más valorada para la resolución de problemas (Newell y Simon, 1972). Se trata de buscar en cada paso de la estructura del problema  lo que denominamos, el “espacio del problema”, que es el conjunto de estados o de posibles alternativas  a los que se enfrenta quien ha de resolver el problema. En la investigación científica, donde los problemas son generalmente complejos, se trabaja en varios espacios simultáneamente, el espacio de las hipótesis, para formular teorías, un espacio experimental y un espacio de datos para interpretar los resultados.

Algoritmos vs Heurísticos. En la mayoría de casos, ante un determinado tipo de problemas, se busca una forma segura de resolverlos, se intenta seguir una serie de pasos estandarizados, una formula, lo que conocemos como un algoritmo, que siempre, antes o después, dará lugar a la repuesta correcta. Las reglas para resolver una raíz cuadrada es un ejemplo de algoritmo. 

Los algoritmos son muy eficaces pero precisan de mucho tiempo y de muchos recursos, tanto de memoria operativa como a largo plazo, por ello se ha visto que la mayoría de la gente no utiliza algoritmos sino que prefiere aproximaciones más rápidas aunque menos seguras, son los heurísticos, que podríamos considerarlos como “atajos” para resolver problemas, por ello los heurísticos suelen enfocar la resolución del problema “moviéndonos” hacia el objetivo o, mediante una búsqueda aleatoria tipo ensayo-error.

Dentro de las estrategias basadas en heurísticos, suele utilizarse lo que denominamos “Análisis medios-fin”, en la que se divide el problema en partes y se intenta resolver cada una de las partes por separado, entendiendo que la resolución parcial es más factible que el intento de resolver el problema en su conjunto.

En la resolución de problemas se utiliza la memoria operativa, hecho que lo confirma la activación de las zonas prefrontales dorsolaterales así como las experiencias clínicas con pacientes con lesiones en esta región, incapaces de resolver situaciones como la Torre de Hanoi.

Un dato que interesó a los investigadores es si había diferencias en la estructuración  y resolución de problemas comparando sujetos expertos y sujetos principiantes. La principal diferencia fue la ordenación de los conocimientos, más superficial en los principiantes y más profunda y con estructuras más abstractas en los expertos (Chi, 1981). Otra diferencia interesante fue la dirección seguida en la búsqueda del espacio del problema. Los expertos tienden a una búsqueda hacia delante, desde el estado inicial hacia el estado objetivo de resolución, por ejemplo, un médico experto va desde los síntomas hacia el diagnóstico, mientras que los principiantes hacen una búsqueda hacia atrás,  primero el diagnóstico y luego avanzan hacia los síntomas que lo confirme.

RAZONAMIENTO ANALÓGICO.
Es una de las estrategias más utilizadas para resolver problemas. No partimos de cero como en el caso anterior, se trata de pensar en un problema de características similares que haya sido resuelto con anterioridad y se utiliza o se adapta la solución al problema actual. Un ejemplo clásico del razonamiento analógico es el que utiliza el sistema solar para explicar la estructura del átomo o el caso del diseño de los antivirus que utilizamos en los ordenadores, donde  se utilizan las experiencias con las vacunas antivíricas en animales y en seres humanos.  

El razonamiento analógico permite identificar y trasferir información estructural de un sistema conocido, los virus biológicos, almacenado en la memoria a largo plazo,  a un sistema nuevo, los virus del computador, albergado en la memoria operativa, donde se procesa la información, se elaboran hipótesis y se evalúa si la analogía resulta útil para resolver el problema. Nuevamente se utilizan representaciones mentales de tipo visual en este tipo de razonamiento, lo cual es importante a la hora de trabajar con estos modelos en tareas de aprendizaje, tanto para niños como para adultos, por ejemplo para vencer una fobia o en deportistas que deben corregir ciertos errores en los movimientos.

Para explicar el razonamiento analógico se han propuesto dos teorías, la Teoría de la cartografía de la estructura, TCE,  (Falkenhainer 1989) y la Teoría del aprendizaje y deducción con esquemas y analogías, ADEA,  (Hummel 1997). El modelo TCE consta de dos etapas, en la primera se busca en la memoria a largo plazo posibles fuentes que tengan las características superficiales que figuran en el objetivo y en la segunda etapa, se da la evaluación de cuan bueno es el emparejamiento entre lo que se ha recuperado en la primera etapa y el objetivo. 

El modelo ADEA utiliza un mecanismo de cómputo diferente que se parece a las redes neurales. El objetivo se representa en términos de las activaciones de las características de la fuente: el virus del ordenador activará, por ejemplo, las características de mal funcionamiento, ser dañino y ser replicante. Esta activación simultanea de una serie de características  similares en la memoria a largo plazo, es  lo que conduce a la recuperación de una fuente análoga, como pudiera ser el virus de la gripe.

Una de las cuestiones que quedaban por determinar era la referente a sí el razonamiento analógico podía ser meramente un producto de la atención y de la memoria operativa o sería algo más. Mediante neuroimagen se demostró que en tareas donde se incrementaba la carga de la memoria operativa, se activaba la corteza parietal y la prefrontal dorsolateral, tal como se esperaba pero, la situación cambiaba cuando se incrementaba la complejidad estructural  al tiempo que se mantenía constante la carga de la memoria operativa, en este caso se activaba de forma exclusiva la corteza prefrontal anterior izquierda. Con estos datos se deduce que el razonamiento analógico representa una capacidad cognitiva que recluta la actividad de tejido neural en mayor grado que la atención y  la memoria operativa  así que, en efecto, es algo más. 

RAZONAMIENTO INDUCTIVO.
Lo podemos definir como, un proceso de pensamiento que utiliza nuestros conocimientos  de circunstancias específicas, conocidas,  para realizar una deducción sobre circunstancias desconocidas. La principal particularidad de este tipo de razonamientos es que no se pueden conocer todos los casos  que existen así, estamos añadiendo nuevos conocimientos, que aunque posibles, pueden ser incorrectos. El razonamiento inductivo puede ser general o específico.

La inducción global o general, trata de generalizar  desde circunstancias conocidas a todas las circunstancias posibles. Burner, 1956, fue uno de los que más estudio la inducción general, preocupándose en gran medida de la forma que introducimos las hipótesis en el problema. Una hipótesis es una idea o proposición que podemos evaluar o comprobar recopilando evidencias que la apoyen o la refuten. Esto que parece sencillo y evidente, no siempre es así. 

Cabe plantearse preguntas del tipo, ¿cómo puede un sujeto que ha deducido una regla mediante inducción general, descubrir si esa regla es incorrecta?. Un ejemplo clásico es el propuesto por Peter Watson: ante la triada de los números: 2, 4, 6, la mayoría de encuestados señala  como regla que relaciona a los tres números,  la de ser números pares con incrementos de dos unidades y, cuando se les dice que no es correcta, pasan a buscar nuevas reglas como, cualquier número con incremento de dos unidades y dan como ejemplos, 1-3-5 y, ante la nueva negativa de éxito,  llegaran a reglas cada vez con menor sentido, se alejan cada vez más de la respuesta correcta, la más sencilla y la más lógica, en este caso, “números de magnitud creciente”. 

En este ejemplo de la inducción general, de la triada, vemos que se debe hacer una inducción general a partir de un conjunto de casos particulares pero, los sujetos suelen caer en lo que llamamos,  “error del sesgo de confirmación”, que da peso a la información previa que tenemos, a las creencias preexistentes. Se encuentra una solución, aparentemente valida, y no se confirma si hay otras soluciones mejores y cuando se les dice que no es correcta, se vuelve mucho más difícil encontrar el error en la regla, descubrir que la regla que han propuesto era incorrecta.

Inducción específica, la podemos representar con el hecho de que, suponiendo que un miembro de una categoría tiene una característica particular, cualquier otro miembro de dicha categoría deberá tenerla también. Esto tiene una trampa obvia, la característica involucrada puede no ser común para todos los miembros de la categoría. Aunque esto es cierto, la inducción específica nos permite hacer deducciones útiles sobre un miembro nuevo o desconocido de esa categoría. 

El razonamiento inductivo nos permite poner al día nuestros conocimientos, no es necesairo tener que buscar caso a caso si aquella característica particular es cierta para todos los miembros de la categoría. En la medida que categorizamos un objeto en una determinada categoría, le adjudicamos las características de esa categoría.

Bases Neurofisiolóigicas.  Buscando la red neural que pudiera explicar el razonamiento inductivo, se observó que los lóbulos frontales desempeñaban un papel fundamental. Cuando había una lesión en la corteza prefrontal dorsolateral izquierda, los pacientes eran incapaces de ordenar cartas u otros objetos, aunque la regla a seguir fuera muy sencilla, como en la prueba de Wisconsin http://en.wikipedia.org/wiki/Wisconsin_card_sort  (Monchi, 2001).  

Con estudios de neuroimagen se observó que junto a la activación de las áreas frontales, también había activación del hemisferio izquierdo, concretamente  regiones temporales mediales y parahipocámpicas, lo cual indica que en este tipo de razonamiento interviene la memoria a largo plazo. La inducción requiere que se recupere activamente la información pertinente a la memoria a largo plazo y que se mantenga dicha información en la memoria operativa. Estos procesos demandan recursos mediados por los lóbulos frontal y temporal.

Inducción y Aprendizaje. Una cuestión importante era la referente a la experiencia, al hecho de que el proceso cognitivo subyacente puede cambiar con la experiencia. Los estudios de neuroimagen muestran que cuando a un sujeto se le pide que realice una tarea de clasificación de objetos, se estimula básicamente las regiones frontales y parietales del hemisferio derecho pero, a medida que avanzaba el proceso de aprendizaje, se empezaba a registrar actividad en las regiones del hemisferio izquierdo, específicamente en el lóbulo parietal izquierdo y la corteza prefrontal dorsolateral izquierda. Esto sugiere que en la primera fase de la tarea de clasificación, estás se realizan básicamente procesando los modelos visuales del estímulo, mientras que cuando avanza el aprendizaje, se empieza a formular una regla abstracta que mejora el proceso de clasificación, se acelera el aprendizaje.

Fungelsang y Dunbar (2005) examinaron con RMf los mecanismos mediante los cuales integramos los datos cuando estamos comprobando hipótesis específicas. Encontraron que cuando los sujetos estaban examinando los datos de interés para una hipótesis verosímil, se activaba preferentemente regiones del núcleo caudado y de la circunvalación parahipocámpica. Por el contrario, cuando los sujetos examinaban datos relacionados con una hipótesis inverosímil, se activaba selectivamente regiones de la corteza cingular anterior, el precunens y la corteza prefrontal izquierda. 

En el caso de las hipótesis verosímiles, las regiones neurales activadas son las que intervienen en el aprendizaje, la memoria a largo plazo y el proceso de integración de la información. Con estos datos podemos inferir que el proceso de aprendizaje, de integrar nueva información, mejora si está en consonancia con una hipótesis verosímil. De la misma forma, la corteza cingulada anterior, activada en los casos de hipótesis inverosímiles, se ha visto implicada en gran medida en la detección de errores  y situaciones de conflicto.

Estos autores sugieren que durante el razonamiento inductivo, el cerebro humano recluta regiones relacionadas con el aprendizaje, cuando evalúa datos que son coherentes con hipótesis preexistentes, mientras que recluta otras regiones cuando se trata de la detección de errores, cuando evalúa datos que no son coherentes con  las hipótesis. Esta distinción es importante a la hora de plantear, por ejemplo, planes de estudio en la infancia.

RAZONAMIENTO DEDUCTIVO.
En este tipo de razonamiento vamos de arriba hacia abajo, partimos de unas premisas que las consideramos ciertas y por tanto, la conclusión no puede ser falsa (al contrario que en el razonamiento inductivo). Este tipo de razonamiento es el que con más fidelidad representa el pensamiento racional. El proceso mental está muy relacionado con los silogismos, un argumento que consiste en dos afirmaciones y una conclusión. La conclusión puede ser tanto cierta como falsa pero, si sigue las leyes de la lógica deductiva, siempre será una conclusión valida.

Los silogismos:  Pueden ser categóricos o condicionales. Los categóricos tienen la forma: Premisa 1: Todos los A son B, Premisa 2, C es un A, Conclusión, C es B. la relación entre los términos de un silogismo categórico se pueden describir mediante cuatro tipos de afirmaciones: (1) Afirmación Universal: Todos los A son B, (2) Negación Universal: Ningún A es B, (3) Afirmación Particular: Algún A es B y Negación Particular: Algún A no es B. En el ejemplo de la compra de un coche podríamos escribir el silogismo así: (P1) Todos los Porche son fiables, (P2) El Boxster es un Porche, (C) El Boxster es fiable.

En el caso de los silogismos condicionales, se hacen eco de la situación: el hecho de que ocurra un acontecimiento puede estar condicionado porque ocurra otro. Igual que en los categóricos, los silogismos condicionales constan de dos premisas  y la conclusión. La primera premisa siempre es del tipo, “si P entonces Q”, donde P es una condición antecedente y Q una condición consecuente. La segunda premisa puede tener una de las siguientes cuatro formas: Afirmación del antecedente: P es cierto, Negación del antecedente: P no es cierto, Afirmación del consecuente: Q es cierto, y Negación del consecuente: Q no es cierto.

En este caso, el ejemplo de la compra del coche quedaría: (P1) Si el coche es un Porche, entonces es fiable, (P2) El Boxster es un Porche, (C) El Boxster es fiable. En la P1, “Porche” es el antecedente y “es fiable” el consecuente. En la P2, en el ejemplo, afirma el antecedente, por lo tanto, la conclusión “es fiable”, se sigue lógicamente.

Errores en el razonamiento deductivo. Pese a que el razonamiento deductivo, es muy fiable, podemos cometer errores, generalmente porque lo planteamos mal pero, cuesta de ver porque pensamos precisamente que es el tipo de razonamiento más veraz. Básicamente hay dos tipos de errores: errores de forma (errores de la forma estructural  o formato de la relación entre la premisa y la conclusión) y errores de contenido (cuando el contenido del silogismo es demasiado influyente).

En los errores de forma, un tipo de error muy frecuente es el que denominamos “efecto del ambiente”, en el que se acepta una conclusión como válida si contiene el mismo cuantificador (alguno, todo o no), que aparece en las premisas. Esta situación lleva a un estado de ánimo general  o “ambiente”, de ahí su nombre, que nos  conduce a aceptar una conclusión de forma errónea. Ante la conclusión “todas las A son C”, se sigue necesariamente las siguientes  premisas, “todas las A son B” y “todas las B son C”. Si cambiamos el cuantificador “todo” por el de “ninguno” tenemos: “ningún A es B”, ningún B es C y la conclusión: ningún A es C. Esta otra forma parece igualmente valida, como la primera, pero veremos que no lo es. Si tomamos ejemplos reales, el silogismo con “ninguno” sería: P(1) Ningún humano es un automóvil, P(2) Ningún automóvil es un doctor y (C) Ningún humano es un doctor. Es obvio que la conclusión es válida pero es incorrecta en el mundo real.

Dentro de los errores de forma, también tenemos lo que se conoce como “sesgo de emparejamiento”, muy frecuente en los razonamientos condicionales y en la que se acepta una conclusión como válida, si contiene la estructura sintáctica de las premisas o alguno de los términos de estás. 

Tanto el efecto de ambiente como el sesgo de emparejamiento, apuntan al fuerte impacto de la estructura sintáctica. En ambos casos estamos muy influenciados por los cuantificadores que se utilizan en las premisas. Parece que esto se debe  a que ciertos objetos en las afirmaciones categóricas  y condicionales, como los cuantificadores formales, captarían fuertemente nuestra atención. Siempre esperamos que la información que recibimos sea adecuada  y por lo tanto, esperamos que el cuantificador sea crítico, por ello ante la preferencia de atender a las palabras del cuantificador en las premisas, y dar estas como válidas, al aparecer el mismo cuantificador en las conclusiones, también se las acepta como válidas.

Junto a los errores de forma están los errores de contenido que con frecuencia los cometemos cuando nos centramos en la certeza o falsedad de las afirmaciones individuales del silogismo, ignorando la conexión lógica entre las afirmaciones. Lo vemos en estudios que se presentan silogismos falsos cuyas conclusiones contenían, en ocasiones, afirmaciones ciertas. (Markovits 1989). Somos propensos a aceptar como válida, lógicamente, una conclusión si las premisas y la conclusión son afirmaciones ciertas. 

Junto a estos errores también encontramos los que se cometen cuando damos crédito a nuestras creencias. La tendencia a ser más propenso a aceptar una conclusión “creíble” que la que es “increíble”, es un hecho muy frecuente en la vida cotidiana y está fuertemente arraigado a nuestras creencias culturales.

Finalmente parece cada vez más aceptado que mucho de los errores que se comenten en el razonamiento deductivo se deben a las limitaciones en la memoria operativa.

Los estudios sobre las teorías del razonamiento deductivo, llevan a admitir que existe de forma natural, un proceso de análisis mental que evalúa la validez de las premisas y las conclusiones, que nacemos con este sustrato, con esta habilidad sin embargo, la limitación que marca la capacidad de la memoria operativa, hace que no siempre utilicemos las reglas de la lógica y nos vallamos hacia los heurísticos, atajos que ahorran energía y recursos pero que fácilmente nos hacen caer en errores, como los que hemos visto al describir los errores de ambiente, el de sesgo de emparejamiento y los basados en las creencias. Acabamos eligiendo lo que nos parece más creíble. 

Aspectos neurofisiológicos . Los estudios con neuroimagen durante el proceso de razonamiento deductivo, mostraron resultados inicialmente contradictorios. Se pensaba que se activarían áreas más relacionadas con una base lingüística pero se observó que también se activaban áreas relacionadas con modelos espaciales. La conclusión a la que se llego es que cuando el razonamiento deductivo se da con material que es familiar, se utilizan recursos neurales del hemisferio izquierdo, relacionado con los modelos lingüísticos, mientras que si el material es más complejo, se requieren modelos de construcción visuespacial y se activan las regiones del hemisferio derecho. 

La implicación de las bases lingüísticas en el razonamiento deductivo, en la generación de errores, es algo bien conocido y puesto de manifiesto por diversos autores, especialmente Chomsky en su gramática transformacional, cuando trata las frases ambiguas y su capacidad de generar errores de interpretación. Considero que el tema es tan importante como para hacer un artículo monográfico. Espero cumplir esta promesa más adelante.

Relación con el sistema visual. Ya hemos visto como los modelos de visión que van de arriba abajo, como los propuestos por los investigadores de la Gestalt, guardarían una cierta similitud con los modelos deductivos. La información que vamos almacenando en la memoria a largo plazo, el constructo que se genera fruto de la experiencia, la representación mental de los objetos que guardamos, ejerce la función de “guía” sobre la nueva información que va ingresando a cada instante. 

El modelo representacional interno ayuda a identificar los objetos que se presentan delante de nosotros. El filtrado de datos, bordes, colores y formas, supone una gran información que se debe integrar para identificar a los objetos y en ese proceso de constitución, de categorización, las representaciones internas marcan las reglas de agrupación para “deducir” de qué objetos se trata. 

Este mecanismo de visión de arriba abajo es fundamental porque requiere mucha menos energía y permite una identificación de los objetos mucho más rápida, casi de una forma automática. La importancia la vemos en ejemplos de la vida diaria como es el caso de plantear un adelantamiento en coche, identificamos los vehículos que circulan en ambas direccione, calculamos las trayectorias, las distancias y el tiempo que necesitamos para adelantar, de forma casi inmediata, lo cual supone ganar en eficacia y seguridad.

Una vez vistos los mecanismos mentales que utilizamos en la toma de decisiones y en la resolución de problemas, ya estamos en condiciones de abordar los procesos mentales que llevan a la acción, especialmente con la ayuda del sistema visual, algo que desarrollaremos en el próximo capítulo.
Dr Carlos Verges

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lunes, 28 de noviembre de 2011

COGNICIÓN Y VISIÓN X.- TOMA DE DECISIONES


El ser humano debe tomar decisiones continuamente pero sorprende que casi siempre lo hagamos de forma inconsciente y, más aun, en la mayoría de casos elegimos alternativas que no siguen parámetros lógicos de probabilidad y/o de coste-beneficio. En este capítulo veremos los mecanismos de toma de decisiones y cómo influyen las emociones.
    • Toma de decisiones 
    •  Modelo de Utilidad Esperada
    • Algoritmo de Satisfacción
    • Teoría Prospectiva
    • Papel de las emociones en la valoración

TOMA DE DECISIONES.
Las decisiones se toman para satisfacer una necesidad o un deseo. Básicamente una decisión es una elección entre posibilidades. Implica evaluar las líneas de acción disponibles y determinar qué acción se llevará a cabo. Hay decisiones que son “fáciles”, hay una opción que sobresale sobre las otras o, las consecuencias de equivocarse son poco importante  pero, no siempre sucede así y entonces debemos realizar una evaluación mental que se debatirá entre la lógica racional y la intuición emocional. Podríamos decir de forma general que la decisión se toma en función de dos factores fundamentales, el valor que tiene para nosotros cada opción y de la probabilidad de que se dé el resultado esperado.

En la mayoría de casos, especialmente cuando se trata de toma de decisiones difíciles, se tiende a pensar que intentamos valorar todas las opciones, es decir recabar la mayor parte de la información que nos puede ayudar en la valoración de la decisión, el problema está en que casi siempre no dispondremos de toda la información y deberemos elegir de forma sesgada. 

Cuando la toma de decisiones se realiza de forma consciente, el proceso mental sigue tres fases secuenciales, (1) define las alternativas, (2) otorga un valor cuantitativo sobre la probabilidad de que se de cada alternativa y (3), sobre cada una de ellas le atribuye las posibles consecuencias de tomar esa alternativa (beneficios y perdidas).

Es evidente que las evaluaciones que hagamos sobre cada opción dependen de nuestras metas y de nuestros valores personales, por ello las consecuencias de cada decisión son absolutamente subjetivas. El problema de tomar una decisión ira creciendo a medida que las alternativas, sus valores, estén más próximas, esa igualdad es generadora de incertidumbre.


MODELO DE UTILIDAD ESPERADA.
Definimos el término de “utilidad esperada” como una conducta racional en quien toma una decisión al valorar: (1) las probabilidades que tienen las posibles alternativas, (2) las consecuencias de esa decisión, (3) la asignación de utilidades, (4) la ponderación al multiplicar las utilidades por su probabilidad y (5) al elegir la opción con la utilidad esperada más alta. Esto supone que el que toma las decisiones lo hace en un marco racional, buscando  la utilidad más alta mediante el algoritmo de la matemática probabilística, pero siempre desde un punto de vista subjetivo. La pregunta, ¿qué importancia tiene para nosotros?, resume la idea de utilidad esperada. La cuestión central no es sólo el valor intrínseco, sino el valor que tiene para uno mismo, para quien toma la decisión.

El proceso mental supone tres pasos: (1) Evaluar cada una de las líneas de acción y multiplicar cada una de ellas por sus consecuencias (al ser aceptada o rechazada) es decir, establecemos  un valor ponderado. (2) Sumar estos valores ponderados, las utilidades esperadas, para crear un resumen de la evaluación de cada alternativa. (3) Elegir la línea de acción que tenga la utilidad esperada más alta, que será aquella con una mayor suma de utilidades ponderadas de forma probabilística.

Como vemos se trata de un proceso subjetivo, ya que cada individuo asignará valores particulares. Esta regla de decisión es el núcleo de la mayoría de teorías económicas modernas sobre la conducta racional.

En el contexto de la utilidad esperada se puede introducir un nuevo concepto, el de varianza, que describe un intervalo entre posibles resultados y que en cognición lo denominaríamos, “actitud de riesgo”. Esto lo vemos muy claro en los jugadores de los casinos, algunos prefieren jugar bajo estrategias con pequeñas variaciones en el intervalo de riesgo, apuesto poco pero voy a lo seguro, otros se plantean la situación contraria, mucho riesgo con apuestas fuerte y, una sola vez que gane ya me compensa (se les conoce como buscadores de riesgo).

Las investigaciones sobre la toma de decisiones han buscado el correlato neural. Mediante neuroimagen se ha visto que en la incertidumbre que aparece en la toma de decisiones, se activaría el núcleo accumbens, utilizando la dopamina como neurotransmisor. Otros investigadores encontraron la activación de este núcleo junto a una extensión de la amígdala y parte de la corteza orbitofrontal (Breitner 2001). Sin embargo no siempre se encontraba un patrón de activación semejante o proporcional  a las consecuencias que se anticipaban con una determinada alternativa. Parece que el cerebro no siempre lleva a cabo cálculos de utilidad como los que determina la ecuación de la utilidad esperada (el producto del valor por la probabilidad).

Los estudios clínicos y de laboratorio fueron poniendo de manifiesto que el modelo racional de utilidad esperada tenía ciertas carencias. Se diseñaron nuevos estudios y se vio que la mayoría de personas no siguen un patrón lógico en la toma de decisiones y esto se daba tanto en gente de un nivel intelectual bajo como alto. Se plantearon problemas donde si se hubiera dado un mínimo razonamiento como el planteado en el modelo de utilidad esperada o siguiendo la ley de transitividad (si A es mejor que B y B mejor que C, entonces prefiero A antes que C), la elección hubiera sido muy diferente a la que señalaron la mayoría de los encuestados, que solo veían el resultado aparente, el que parecía superior respecto a otras opciones pero, inferior  a sí se hubiera hecho un cálculo más pormenorizado de los beneficios finales.

ALGORITMO DE SATISFACCIÓN.
Tras verificarse que el ser humano no siempre emplea métodos lógico-racionales en la toma de decisiones, se plantearon nuevas alternativas, nuevos algoritmos. Una de las propuestas más destacadas fue la que plantea un razonamiento para desarrollar estrategias adaptativas,  que proporcionen un equilibrio entre el esfuerzo cognitivo de buscar y procesar la información  y la elección de la mejor alternativa en términos absolutos. Una estrategia sería satisfactoria, sin necesidad de ser la mejor de todas las posibles, simplemente  con que fuera lo suficientemente buena para cumplir los deseos de quien toma la decisión, es lo que se denomina “Algoritmo de satisfacción”.

El proceso cognitivo que se precisa para lograr la satisfacción es muy diferente al que se utiliza para el cálculo de la utilidad esperada y, por lo general requiere mucho menos esfuerzo. 

La satisfacción aporta buenos resultados aunque no sean óptimos y está sesgada por el orden en que se buscan las posibles opciones. Esto lo vemos en un ejemplo como el de la búsqueda de un piso, en primer lugar determinamos qué características  de un piso son importantes para nosotros, después establecemos criterios de aceptabilidad para cada atributo importante (no más de un tercio de nuestros ingresos, etc) y, finalmente consideramos las opciones disponibles de una en una, hasta que encontramos una que es lo suficientemente buena según las características y atributos antes señalados, en este punto dejamos de buscar, la decisión está tomada, esa es nuestra elección, ya tenemos piso. Es evidente que la elección será buena
pero, si hubiéramos seguido buscando, a lo mejor hubiéramos encontrado algo mejor, hemos renunciado al piso ideal pero, no nos hemos equivocado en la elección, esta no ha sido la mejor pero sí que es buena.

La mayoría de personas utilizan el algoritmo de satisfacción, es menos costoso cognitivamente  y aporta buenos resultados, además, hemos aprendido a reducir los criterios de elección, la experiencia nos permite definir las características y atributos más relevantes que marcarán la elección, lo cual reduce todavía más el proceso cognitivo, al tiempo que incrementa las opciones de acierto.

TEORÍA PROSPECTIVA.
Otro elemento importante en la toma de decisiones es lo que se conoce como “efecto del encuadre”. Supone que podemos variar nuestra decisión final en función de cómo se planteó la cuestión. Esto lo vemos muy frecuentemente en las encuestas, según como se plantean las preguntas podemos inducir que la respuesta sea una u otra. En general la gente tiende a rechazar el riesgo cuando se les ofrecen posibilidades moderadas de ganancia, pero buscan el riesgo cuando se les ofrece probabilidades moderadas de pérdida.

En esta línea, la Psicología cognitiva nos dice que nuestras acciones están determinadas por nuestra representación mental de las situaciones, no directamente por la situación en sí misma. En la investigación de los encuadres nos pone de manifiesto que las decisiones se toman en virtud de nuestro punto de vista respecto a la situación a la que nos enfrentamos. Nuestra percepción de esa situación es un determinante primordial de nuestra conducta (Hastie 2000), es lo que se conoce como “Teoría prospectiva”.

La teoría prospectiva propone que la primera etapa en la toma de decisiones, es discernir las probabilidades que se tienen encuadrando los términos de la decisión. El encuadre significa simplificar, se evalúan las pérdidas y ganancias  comparándolas con un punto de referencia, que suele ser la situación actual. Se compara el antes y el después, se evalúa si la decisión comporta una mejora respecto a lo que ye tenemos.

PAPEL DE LAS EMOCIONES EN LA VALORACIÓN.
Todos hemos tenido la experiencia de una mala decisión tomada en un momento de ira o de euforia. Los economistas y todos los expertos en marketing, asumen que la toma de decisiones se realiza con el fin de conseguir objetivos y que los objetivos son, o bien esencialmente emocionales (la búsqueda de la felicidad) o bien se asocian estrechamente a las emociones, especialmente  con la culpabilidad, el arrepentimiento, el regocijo o la decepción. 

El papel de las emociones se ha puesto de manifiesto en lo que se ha denominado,  “decisión por afecto”, en la cual las emociones anticipadas, en particular el arrepentimiento, reemplazan a las utilidades como portadoras del valor. Esto lo vemos en ejemplos como el miedo a volar, preferimos ir en coche antes que en avión, aun sabiendo que el riesgo es mucho mayor con el coche. El corazón puede a la razón, el factor emocional es el que marca la decisión final, aunque no sea lógica (Slovic 2002). Es como si los estímulos cargados emocionalmente redujeran el impacto de la información sobre las probabilidades, como si los resultados cargados de emociones dirigieran la atención a las consecuencias, alejándose de otras facetas de la situación.

Parece que en la toma de decisiones, cuando el resultado es inmediato, nuestro sistema emocional es el que controla nuestra conducta y nos conduce a elegir la gratificación que se encuentra disponible con carácter inmediato. Sin embargo cuando la gratificación no está disponible de inmediato, nuestro sistema racional, más frio, toma el control y elegimos “sabiamente” (Lowenstein 1996). 

Los estudios con neuroimagen han sido muy reveladores, han puesto de manifiesto que cuando los sujetos investigados se sometes a situaciones de no ambigüedad pero con resultados de pérdida, se activa la corteza prefrontal dorsomedial y, cuando hay ambigüedad  o no ambigüedad con resultado de ganancia, ya no se activa la corteza prefrontal dorsomedial  y sí lo hará el sistema orbitofrontal ventromedial que, recordemos, es el que más está implicado en las emociones.

Ante la incertidumbre,  no parece que se sigan las leyes matemáticas de la probabilidad,  más bien nos basamos en otras capacidades cognitivas: recuperar información  de la memoria, realizar una evaluación por similitud  e imaginar las causas de los acontecimientos. Son juicios heurísticos que dan como resultado decisiones útiles de tipo adaptativo. Esto se relaciona estrechamente con el rendimiento de nuestros sistemas perceptivo, especialmente el visual, con la génesis de representaciones mentales que nos orientan en la toma de decisiones. Esto puede llegar a ser muy negativo  ya que la representación mental está basada en el recuerdo y este puede no ser objetivo, generalmente está influido por factores culturales y sociales. Si queremos volar y tenemos miedo, seguramente se genera una imagen mental de un suceso negativo, un accidente que vimos en un reportaje de televisión. Es evidente que esta imagen no es representativa de la realidad, los datos estadísticos demuestran que volar en avión es el medio de trasporte más seguro. 

La importancia de las emociones en la toma de decisiones es algo que va ganando fuerza a medida que van apareciendo nuevas evidencias, como el trabajo de Antonio Damasio en el que sometía a decisiones complejas a dos grupos de individuos, unos normales y otros con lesiones frontales ventromediales donde falla el proceso de elección intuitiva. Observo que los individuos normales eran capaces de saber cuál era la opción errónea, de intuirla, porque la simple sospecha inconsciente producía una serie de cambios somáticos, como sudoración o incremento de la frecuencia cardiaca,  que al notarlos  les inducia a rechazar esa opción, producía una conducta de evitación, es lo que denominó “hipótesis de los marcadores somáticos”. El grupo de individuos con alteraciones en áreas frontales ventromediales, que no pueden procesar bien este mecanismo intuitivo sobre la buena o mala elección, no se daba la descarga somática y el índice de error era más elevado. 

La pregunta aquí es, ¿qué fue lo que intuyeron los sujetos normales para que se provocara  la respuesta somática?, en un jugador de cartas podría ser algo racional, como la probabilidad de que salga una carta determinada después de analizar las jugadas previas pero, en la mayoría de casos se admite que el mecanismo es otro, algo que puede estar relacionado con las emociones, con las vivencias previas y su carga emocional,  que determinan de forma inconsciente una respuesta física, descarga somática, que nos induce a decantarnos por una determinada alternativa, aunque no tenga demasiado sentido desde el punto de vista racional.

Tal como señalábamos al inicio de este artículo, cada vez somos más conscientes de la importancia de nuestro acervo interior, de las vivencias previas, de nuestras emociones, a la hora de controlar nuestras acciones en la vida diaria.

En el siguiente capítulo seguiremos tratando este tema, concretamente en lo que se refiere a la resolución de problemas, el razonamiento analógico, inductivo y deductivo, así como el papel de la memoria y las emociones. 

Dr Carlos Verges

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lunes, 14 de noviembre de 2011

COGNICIÓN Y VISÓN IX.- EMOCIÓN Y COGNICIÓN


Nuestro cerebro es básicamente emocional. En los últimos años hemos ido aprendiendo que las emociones marcan la mayor parte de las actividades cerebrales, la toma de decisiones, intelectivas y del aprendizaje. El inconsciente emocional marca nuestro devenir.

  • Enfoque Bidimensional de las emociones
  • Emociones y Condicionamiento Clásico
  • Condicionamiento Instrumental
  • ¿Se puede aprender algo sin la participación de las emociones?
  • Emociones y Memoria Declarativa
  • Emoción, Atención y Percepción Visual 

Que las emociones afectan a la cognición es algo evidente, quién no ha tenido la sensación de bloqueo ante una momento de enfado, “estoy tan cabrea …., que no puedo pensar con claridad”. Lo sorprendente es que hasta hace relativamente poco tiempo no se haya investigado esta asociación.

Los estudios de neuroimagen han puesto de manifiesto que las emociones se localizan en el cerebro en un área muy precisa, la amígdala, situada en el lóbulo temporal medial, justo delante del hipocampo, estableciendo aferencias y eferencias con él (consolidación de memoria) y con áreas frontales, lo cual sugiere que las emociones y la cognición son interdependientes.

Existen muchas definiciones sobre el término emoción, en nuestro caso la entenderemos como un episodio relativamente breve de respuestas sincronizadas, las cuales pueden incluir respuestas corporales, expresiones faciales y respuestas subjetivas, que indican la valoración significativa de un acontecimiento interno o externo. El término emoción no hay que confundirlo con el “estado de ánimo”, que se refiere a un estado afectivo difuso percibido como un cambio en los sentimientos subjetivos. Estos cambios son de poca intensidad pero más duraderos que las emociones y se dan incluso sin causa aparente.

Charles Darwin en “Sobre el origen de las especies” (1859), fue uno de los primeros en señalar que existe un número limitado de emociones humanas básicas y universales. Darwin supuso que esto se debía a una experiencia emocional común. Paul Ekman, un año después, describió seis expresiones básicas de emociones: ira, repugnancia, miedo, alegría, tristeza y sorpresa. Cada una de estas expresiones se caracteriza por un subconjunto de movimientos de los músculos faciales, con una habilidad que parece adquirirse de forma innata, tanto para realizarlos como para reconocerlos.

ENFOQUE BIDIMENSIONAL DE LAS EMOCIONES.

“Arousal” es el término global para referirse a los cambios corporales que ocurren en la emoción, como la frecuencia cardiaca, traspiración, y liberación de hormonas del estrés en respuesta a un estímulo. El arousal hace referencia tanto a la intensidad de la respuesta a un estímulo como a su activación. Lo que cuenta es la movilización de los recursos y es lo que denominamos “dimensión de una emoción”. En el estudio de las emociones entraría otro concepto, el “valor de la emoción”, que se refiere a si la experiencia resulta agradable o desagradable. Con estos elementos se puede trazar un mapa de las emociones, tal como hicieron Barret y Russell (1980), definidos bajo dos ejes, dimensión y valor.

Modelo de circunferencia de la emoción de J.A.Russell y L.F.Barrett
El enfoque bidimensional se apoya en los hallazgos de neuroimagen, que demuestran que la dimensión y el valor de las emoicones pueden tener distinta representación en el cerebro. Si se presenta un olor, la amígdala responde principalmente a la intensidad de este olor y lo hace independiente de que resulte agradable o no. Cuando la respuesta es de agrado, se registra actividad en la corteza orbitofrontal medial (COFM) y cuando la respuesta es desagradable, se activa la corteza orbitofrontal lateral (COFL), ambas respuestas independientes a la intensidad del estímulo.

Otra forma de clasificar las emociones, con cierto interés clínico, sería según su carácter de “aproximación o retirada”. La alegría, la sorpresa y la ira se consideran emociones de aproximación, mientras que el miedo el desagrado y la tristeza serían de retirada o alejamiento. Los estudios con EEG en condiciones de reposo, mostraron que en las emociones de aproximación se activaban las regiones frontales anteriores izquierdas, mientras que cuando en un individuo predominan las emociones de retirada, se activa con mayor grado las regiones frontales anteriores derechas. De la misma forma, rasgos positivos como orgullo, entusiasmo y cortesía, más cercanos a la aproximación, mostraron mayor actividad en el lado izquierdo, justo lo contrario a cuando eran personas que se autodefinían con rasgos más negativos, como irritabilidad, culpabilidad, etc, en estos casos había un predominio de excitación en el lado derecho.

Con estos hallazgos de localización anatómica tan precisa, cabe la pregunta de si es posible manipular estas regiones del cerebro para modificar la “personalidad” de una persona, estimular las zonas de “aproximación” e inhibir las de “retirada”, con carácter negativo. Parece que para algunos neurocientíficos, sí es posible.

EMOCIONES Y CONDICIONAMIENTO CLÁSICO.

No se puede hablar de las emociones sin hacer una referencia al condicionamiento clásico descrito inicialmente pro Iván Paulov. Los perros salivaban como respuesta a un acontecimiento asociado con la presentación de la comida. Paulov se dio cuenta de que reflejos como la salivación podían evocarse no solo con el estímulo adecuado sino también con acontecimientos asociados a estos estímulos inductores de reflejo. Investigaciones posteriores han demostrado que todas las respuestas emocionales se pueden provocar mediante condicionamiento.

Los estímulos que están ligados a acontecimientos positivos o negativos por sí mismos, obtienen cualidades afectivas y provocan reacciones afectivas, positivas o negativas, según el caso. Si tenemos un accidente de coche, la próxima vez que subamos a un coche o que pasemos por la zona del accidente, notaremos una respuesta fisiológica de nerviosismo, es el condicionamiento clásico emocional.

Los estudios de neuroimagen localizan el miedo, la sensación aversiva ante algo, en la amígdala (ver imagen). En pacientes con lesión bilateral de la amígdala, se conserva la memoria episódica pero no experimentan arousal. Ante la asociación de ver un punto azul y una descarga eléctrica, en un sujeto normal, cuando aparece el punto azul, se produce un incremento de arousal pero, en nuestro paciente con lesión de las amígdalas, sabía que después del punto azul venia la descarga (entendía el condicionamiento) pero, no registraron incrementos de arousal. Esto indica que las regiones temporales mediales (hipocampo) estaban bien y la amígdala mal, entendía el proceso pero era incapaz de reaccionar frente a él. La situación contraria se observó en un paciente que tenía una lesión en el hipocampo y la amígdala bien, tuvo un condicionamiento normal pero no pudo predecir la descarga al ver el punto azul.

Sistema límbico.



Estos resultados indican que hay, al menos, dos tipos de sistemas de aprendizaje que operan de forma independiente, uno basado en el hipocampo, que media el aprendizaje acompañado de consciencia, sobre el que se construye la memoria declarativa y otro, basado en la amígdala, que se relaciona con las respuestas autónomas condicionadas, menos estudiado y cada vez con mayor significación

Otra forma interesante de condicionamiento clásico es el que conocemos como “Condicionamiento de Valoración”, que se centra más en las preferencias aprendidas o actitudes, es decir, las respuestas subjetivas y emocionales que se adquieren mediante condicionamiento clásico. Esto tiene mucha importancia en Marketing, asociamos un producto a una figura del deporte y lo compramos, no porque pensemos que con ese producto llegaremos a ser como ese deportista sino por el condicionamiento de valoración, porque admiro ese deportista y me identifico con lo que le gusta o porque el anuncio me parece, simplemente, muy perspicaz.

CONDICIONAMIENTO INSTRUMENTAL.

El componente emocional en el aprendizaje es algo que lo vemos continuamente, un ejemplo lo tenemos cuando ciertas acciones o estímulos se emparejan con recompensa o castigo, esto es lo que se conoce como “Condicionamiento Instrumental u Operante”. El principio subyacente a este tipo de condicionamiento es que la frecuencia de una conducta o respuesta, aumentará o disminuirá dependiendo del resultado de dicha conducta, de si ésta causa recompensa o castigo. Si hacemos algo que se sigue de recompensa, tendemos a repetir esa conducta y si, por el contrario la respuesta es de castigo, tendemos a evitar esa conducta.

La recompensa se relaciona con el neurotransmisor dopamina y con la región anatómica del cuerpo estriado, la “vía dopaminergíca mesolímbica” que une el área tegmental ventral y el haz medial del prosencéfalo, a nivel del mesencéfalo, con el cuerpo estriado, localizado en el prosencéfalo. Esta es la vía que se activa ante la expectativa de recompensa. Si se estimula el área tegmental ventral se produce una descarga de dopamina en el cuerpo estriado. Las drogas que bloquean la acción de la dopamina, afectan negativamente a la ejecución de tareas de aprendizaje en las que se da una recompensa (Steller 1984).

Es interesante el hecho de que este mecanismo neural de la recompensa, responde a todo tipo de recompensas, tanto primarias como secundarias (Delgado 2000), sin olvidar que lo que puede ser una recompensa para una persona puede no serlo para otra.

El condicionamiento instrumental requiere una acción que pueda ser reforzada. Es esta acción y el estímulo que la induce lo que adquiere un valor afectivo. Junto con la acción y el estímulo, el valor afectivo de otros estímulos asociados, pueden cambiar mediante condicionamiento clásico. Si tenemos recompensa, por ejemplo, al esnifar coca, se suele producir una asociación positiva con el lugar en que lo estamos haciendo, la gente con la que se comparte, etc, al condicionamiento instrumental de la droga se asocian valores afectivos positivos mediante condicionamiento clásico. Estos hallazgos han sido claves para el tratamiento de la drogadicción.

¿SE PUEDE APRENDER ALGO SIN LA PARTICIPACIÓN DE LAS EMOCIONES?

Tanto el condicionamiento clásico como el instrumental, dependen de una experiencia emocional para que tenga lugar el aprendizaje. Hoy sabemos que hay otras formas de aprendizaje que no requieren experiencias emocionales directas, como los que están basados en la instrucción y la observación. Un ejemplo lo tenemos en el miedo que todos sentimos a las bacterias, la mayoría de nosotros nunca las hemos visto pero nos han enseñado que pueden ser peligrosas para la salud, esto es una “aprendizaje por instrucción”. Esto nos lleva a que podemos aprender acerca del significado emocional mediante medios simbólicos como el lenguaje, que no es necesario experimentar directamente las emociones, tanto buenas como malas, aunque sigan vías diferentes.

A este respecto se observó que la amígdala, clave en el condicionamiento aversivo, también tiene un papel fundamental en la experiencia fisiológica del aprendizaje del miedo por instrucción, lo cual indica que el factor emocional no hay que descartarlo del todo.

De la misma manera, el aprendizaje por observación, no necesariamente se basa en experiencias directas con consecuencias positivas o negativas. El mero hecho de observar conductas que se siguen de una recompensa o un castigo, nos permite aprender de ellas. En estos casos intervienen las células en espejo, base de las conductas de aprendizaje por imitación (Rizzolatti, 1996), donde no solo se aprenden conductas motoras sino que también se asocian emociones, incluso se han identificado respuestas especulares para las emociones.

EMOCIÓN Y MEMORIA DECLARATIVA.
La memoria declarativa o a largo plazo, puede evocarse conscientemente y describirse a otras personas. Este tipo de memoria incluye a la memoria episódica y la memoria semántica. La primera es la memoria de primera mano de nuestra historia pasada personal, mientras que la semántica es lo que sabemos acerca de los objetos y los acontecimientos del mundo. Ambas formas de memoria pueden ser influidas por diversos aspectos de la emoción.

Muchas veces nos preguntamos por qué hechos del pasado que fueron muy negativos siguen muy presentes en nuestra memoria, cuando lo que nos gustaría es que desaparecieran de nuestro recuerdo para siempre. La respuesta es que cuando se dieron esos hechos se acompañaron de un arousal muy alto y eso ayudo a fijarlos en nuestra memoria con fuertes lazos.

El arousal emocional potencia el recuerdo y esto se debe a que la amígdala juega un papel decisivo en la adquisición y manifestación del condicionamiento aversivo, tendría un papel secundario pero muy importante en la memoria. Los estudios de laboratorio muestran un paralelismo entre la activación de la amígdala y el grado de recuerdo en el tiempo. Esto pone de manifiesto que la amígdala influye en la memoria declarativa de acontecimientos emocionales, actuaria sobre el hipocampo que es donde se consolida esta última.

La consolidación en el hipocampo es un proceso lento pero, diversos estudios ponen de manifiesto como el alto grado de arousal que se da en algunas situaciones con elevada carga emocional, aceleran este proceso de consolidación, gracias a la acción de la amígdala. Los estudios en este campo demuestran que la amígdala tiene esta función moduladora con la mediación del sistema Beta-adrenérgico. Los beta-bloqueantes tienden a disminuir el arousal sobre la memoria declarativa y esto podría tener como consecuencia, el reducir la eficacia del aprendizaje, aunque para otros autores tendría un efecto inverso, al reducirse el arousal permite que la consolidación dure más tiempo y con ello se consigue un mejor grado de memoria.

Siguiendo en esta línea se vio que el olvido también se relaciona con la actividad de la amígdala. En los casos en que la memoria declarativa se asoció a un factor emocional, el olvido fue más lento que en los casos neutros donde no se acompañó el estímulo con activación emocional de la amígdala.

Un cierto grado de arousal ayuda a consolidar la memoria pero, cuando alcanza valores muy elevados, como en situaciones de estrés, se produce un efecto negativo, perjudicando a las tareas de memoria. La relación del arousal y la memoria se describe con una curva en forma de U invertida. Este efecto negativo del estrés se debe a los cambios hormonales que se producen a largo plazo. El estrés produce un incremento de glucocorticoides que conducen a una reducción en la frecuencia de disparo de las neuronas hipocámpicas, disminuyendo la eficacia de la memoria. Esta situación, si es muy prolongada, puede conducir a la atrofia del hipocampo.

El estado de ánimo también es un factor que influye en la memoria. Cuando estamos en un estado de ánimo negativo, se recuerdan acontecimientos negativos, mientras que ante un estado de ánimo positivo, los recuerdos son mayoritariamente positivos y agradables, es lo que se conoce como “efecto de memoria congruente con el estado de ánimo”.

Como acabamos de ver, las emociones influyen de forma muy directa sobre la memoria y el aprendizaje algo que los docentes no han utilizado todavía. Creo que ya va siendo hora de que los docentes tengan información sobre estos hechos, para intentar buscar de qué forma se puede facilitar el aprendizaje, especialmente en primaria y secundaria.

EMOCIÓN, ATENCIÓN Y PERCEPCIÓN VISUAL.

La emoción puede influir en la atención y en el procesamiento perceptivo de diferentes modos. La emoción capta nuestra atención y hace difícil responder a estímulos no emocionales. En una versión del test de Stroop en el que las palabras se combinan con colores pero se modifican algunas de ellas dándoles carácter emocional: cáncer, violación, etc, frente a otras neutras como, silla, cuadro. Se observó que el reconocimiento del color era más complicado en las cartas con palabras con carga emotiva, eran palabras más difíciles de ignorar.

Posner (1980) fue un poco más allá y demostró que las emociones contribuyen a mantener la atención más que a atraerla. La emoción hace que sea màs difícil desligarnos del foco atencional.

Se ha visto que en determinadas tareas, como la búsqueda de objetos o figuras con cierta carga emocional, especialmente si es negativa, el tiempo invertido es inferior que en los casos en los que los objetos tienen un carácter neutro. Cuando se produce el fenómeno facilitador por la emoción, se activa la amígdala y se comprobó que la facilitación atencional se sigue dando en otras actividades, siempre que se asocien con activación de la amígdala.

Todo esto llevó a la idea ya propuesta por Wundt en 1907, de que los estímulos emocionales se procesan de forma casi automática, requiriendo menos recursos cognitivos que otros tipos de estímulos, es lo que denominó la “hipótesis de la primacía efectiva”. Los mecanismos responsables de estos hechos todavía no están del todo claros. Se ha estudiado cómo la amígdala interactúa con los otros mecanismos de atención y percepción. Una primera explicación sería la que defiende que el aprendizaje altera la representación cortical real de los estímulos emocionales para permitir un aumento de la percepción de los sucesos emotivos. Una segunda explicación es la que propone una modulación más rápida y transitoria del procesamiento perceptivo.

Existen conexiones bidireccionales entre la amígdala y las regiones corticales de procesamiento sensitivo, como la corteza visual (Amaral 1992). Se ha planteado la hipótesis de que si un estímulo se acompaña de cierta carga emocional, la activación de la amígdala en esa fase inicial de su procesamiento, proporcionaría una rápida retroalimentación a las áreas corticales sensitivas del cerebro, reforzando así los procesos de atención y percepción posteriores.

Los estudios de neuroimagen muestran como en situaciones de carga emocional se detecta mayor actividad en la corteza visual (Morris 1998). Esto mismo se produjo con estímulos auditivos. Se ha interpretado como que la activación de la amígdala mejoraría las condiciones sensitivas haciendo mejorar las condiciones de vigilancia ante un posible ataque o fenómeno negativo que pudiera perjudicarnos, sería como un mecanismo de defensa.

Otros estudios demuestran claramente como esta vía, influida por la amígdala, mejora la visión, especialmente la sensibilidad al contraste (Carrasco 2004) y, muy especialmente la vía refleja motora guiada por la visión. Si estamos en el campo, por ejemplo buscando robellones y al meter la mano bajo un arbusto vemos algo parecido a una serpiente, en la mayoría de casos, apartaremos la mano a una velocidad mayor de lo normal, eso se debe a que la imagen de la serpiente llega al tálamo y desde aquí sale en dos direcciones, una hacia las áreas corticales occipitales de la visión, y otra hacia la amígdala (figura). El procesamiento en las áreas occipitales requiere más tiempo, es un proceso consciente, mientras que la llegada a la amígdala desencadena una respuesta inconsciente, casi inmediata, sobre áreas motoras responsables de la retirada de la mano. Actualmente se está trabajando con deportistas de elite el efecto de las emociones en su rendimiento, cómo mejorar los resultados mediante la mediación de estímulos con carga emotiva. En el campo de la visión se ha avanzado mucho y podemos conseguir, por ejemplo, que un tenista mejore la devolución de un saque que va a más de 200 Km/h, mediante la mejora de la capacidad perceptiva de la visión dinámica, con ejercicios donde se busca la activación de la amígdala.

Vías de la visión, consciente e inconsciente.

  • En el próximo capítulo abordaremos el tema de la toma de decisiones. Quién no ha dudado a la hora de decidirse por algo y qué es lo que nos llevó a inclinarnos por aquello en concreto, cómo influyen los estímulos visuales. Realmente un tema muy interesante. 

Dr Carlos Verges

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